En un pueblo olvidado entre colinas y viñas, donde los días pasaban lentos y los chismes eran más valiosos que el pan, dos figuras destacaban por lo insólito de sus negocios. Uno era Roger, conocido como “el Vende Palos”. El otro, el misterioso Botellero Vendemermas, un hombre cuya colección de botellas y mermas (sí, mermeladas) parecía no tener fin.
Ambos vivían vidas tranquilas… hasta que un día, el destino (y un encargo bastante sospechoso) los obligó a unir fuerzas.
Roger, el maestro de los palos
Roger tenía un puesto ambulante en el centro del pueblo donde vendía palos de todos los tamaños, formas y utilidades. ¿Un palo para ahuyentar perros? Lo tenía. ¿Un palo para mezclar guisos? Lo tenía. ¿Un palo para… bueno, para ser palo? También. Su eslogan era simple:
“Si no hay un palo para ti, es porque no lo necesitas.”
Aunque la mayoría del pueblo lo consideraba un tipo raro, todos sabían que Roger tenía algo especial. Sus palos parecían estar imbuidos con un toque mágico, como si supieran exactamente lo que necesitabas en el momento justo.
El Botellero Vendemermas
El Botellero Vendemermas, en cambio, era una figura enigmática. Su tienda estaba llena de botellas de cristal de todas formas y colores, y, extrañamente, estanterías repletas de tarros de mermelada que nadie entendía por qué seguían allí. Nadie lo había visto nunca hacer una venta, pero siempre tenía dinero para seguir en pie.
Había rumores de que las mermeladas no eran simples dulces: algunos decían que te daban sueños proféticos; otros, que te hacían olvidar tus problemas; y los más atrevidos aseguraban que, si mezclabas tres sabores distintos, podías invocar espíritus.
El encargo misterioso
Una noche, un anciano encapuchado llegó al pueblo. Su rostro estaba oculto, pero su voz era clara:
“Busco a Roger, el Vende Palos, y al Botellero Vendemermas. Hay algo que solo vosotros podéis recuperar.”
El anciano explicó que una criatura conocida como El Mermero había robado la Gran Merma de Oro, un tarro legendario que contenía la receta de la mermelada perfecta. El Mermero vivía en las Cavernas del Palo Hueco, un lugar oscuro y traicionero donde nadie se atrevía a entrar. Si la Gran Merma de Oro no era recuperada, el equilibrio entre los palos y las mermas del mundo se rompería, y el pueblo caería en el caos.
Roger aceptó inmediatamente, mientras que el Botellero solo suspiró, murmurando algo como:
“Siempre soy yo el que tiene que arreglar estas cosas.”
El viaje a las Cavernas del Palo Hueco
Con un saco lleno de palos (Roger nunca viajaba ligero) y un carrito cargado de botellas y mermeladas (el Botellero decía que nunca se sabe cuándo puedes necesitar un tarro de ciruela), los dos se aventuraron hacia las cavernas.
El camino no fue fácil:
- Roger se enfrentó a un enjambre de abejas gigantes, usando un palo especialmente diseñado para ahuyentar insectos.
- El Botellero, por su parte, convenció a un grupo de cuervos hostiles de dejarlos pasar ofreciéndoles tarros de mermelada de mora.
Cuando finalmente llegaron a las cavernas, se encontraron con un espectáculo aterrador. El Mermero era una criatura gigantesca, mitad monstruo y mitad tarro de mermelada, que se alimentaba de los sabores que robaba. Estaba rodeado de montones de palos rotos, como si hubiese intentado triturarlos en su furia.
El plan maestro
El Botellero miró a Roger y dijo:
“Solo hay una manera de derrotarlo: necesito que fabriques el palo perfecto, y yo le prepararé la mermelada más explosiva que haya probado jamás.”
Roger se puso manos a la obra, combinando maderas distintas para crear el Palo Definitivo, mientras el Botellero mezclaba varios tarros de mermelada con un toque de un ingrediente secreto que llevaba guardado desde hacía años (nadie quiso preguntarle qué era).
Con el Palo Definitivo y la mermelada explosiva en mano, se enfrentaron al Mermero. Roger utilizó su palo para distraerlo, mientras el Botellero lanzó la mermelada directamente en el centro del monstruo. El resultado fue espectacular: el Mermero explotó en un montón de pequeños tarros de mermelada, dejando atrás la Gran Merma de Oro, intacta.
El regreso triunfal
Roger y el Botellero regresaron al pueblo como héroes. La Gran Merma de Oro fue guardada en un lugar seguro, y, como agradecimiento, el anciano encapuchado les dejó un misterioso mapa que prometía nuevas aventuras.
Desde entonces, Roger y el Botellero comenzaron a colaborar: vendían combos de “Palo y Mermelada”, y sus negocios nunca habían ido mejor. Además, la gente del pueblo empezó a mirar sus productos con nuevos ojos, preguntándose si quizás había algo mágico en ellos después de todo.