El amanecer del 2025 trajo consigo una determinación especial para Carla, Dani, Marta y Pau, cuatro amigos inseparables de Barcelona. Unidos por su pasión por los deportes de invierno y su amor por la ciudad condal, decidieron que este sería el año para dar un paso más hacia un sueño compartido: promover las Olimpiadas de Invierno y poner a España, y en especial a Cataluña, en el mapa de los deportes de nieve.
Con esta misión en mente, eligieron La Molina, una de las estaciones de esquí más emblemáticas de los Pirineos, como el escenario perfecto para dar inicio al año. Equipados con sus esquís, tablas de snowboard y un entusiasmo contagioso, los cuatro emprendieron el viaje en tren desde Barcelona, comentando cómo combinarían diversión y promoción en su aventura.
La llegada a La Molina fue mágica. Un manto de nieve cubría las montañas, y el aire frío revitalizaba los sentidos. Con el objetivo claro, comenzaron a documentar su experiencia. Desde los primeros descensos hasta las paradas para disfrutar de un chocolate caliente en las terrazas nevadas, cada momento fue grabado y compartido en sus redes sociales. Usaron el hashtag #Barcelona2026, promoviendo la candidatura imaginada para las Olimpiadas de Invierno.
Además, organizaron pequeñas actividades en la estación. Pau, un excelente snowboarder, ofreció una demostración de trucos en el snowpark, mientras que Marta y Carla lideraron un taller sobre seguridad en la montaña para principiantes. Dani, por su parte, entrevistó a visitantes y locales, preguntando qué significarían unas Olimpiadas de Invierno en los Pirineos para la región.
El punto culminante de su aventura llegó en la noche del 1 de enero, cuando organizaron una pequeña proyección al aire libre. Bajo un cielo estrellado, mostraron imágenes de deportes de invierno y videos de su día, acompañados de un discurso apasionado sobre cómo las Olimpiadas podrían transformar la región. Los espectadores, con bufandas y guantes, aplaudieron entusiasmados.
Cuando el fin de semana llegó a su fin, los cuatro amigos regresaron a Barcelona con más que recuerdos: llevaban consigo la satisfacción de haber inspirado a otros a soñar en grande. Su esfuerzo había resonado, y aunque aún había mucho por hacer, estaban seguros de que 2025 sería el año en que su visión tomaría fuerza.
En el corazón de las montañas, bajo la nieve y las estrellas, cuatro barceloneses demostraron que los sueños compartidos tienen el poder de cambiar el mundo.